Náuticas, voces celestes de la noche
Luna nueva en 17 ° de Libra, la semilla de las relaciones perdurables.

Toda Luna nueva es un beso entre nuestras dos hermosas luminarias. Cada mes ellas se unen, se traslapan, e invisibles a nuestros ojos consuman la danza de su amor, Luna y Sol.
Pero en Libra todo esto de los besos y las danzas se vuelve aún más relevante: no somos una persona sin la otra, no somos gente sin la gente, no somos una criatura del mundo sin las otras criaturas del mundo: aire, montaña, pájaro, árbol, laguna. No somos río sin su orilla, sin su cause, sin las piedritas que forman su lecho y le hacen sonar.
Equilibrio es el aquí y el allá, es el ir y venir, es el danzar. Eso es Libra.
El planeta que orienta está luna nueva en esta ocasión es Venus, ya que ella es la regente de Libra. Y por estos días Venus está en el signo de Escorpio, en retrogradación; por lo tanto es una Venus intensa y al mismo tiempo, reflexiva.
Cuando miramos al cielo, a veces en la noche, a veces en la madrugada, y avistamos a la diosa fulgurante, no hay forma que no te afecte el corazón... Ella es sin duda la estrella más hermosa: con su desnuda brillantez, plena, plateada, parpadeante, Venus hace que perdamos el aliento...
En particular, desde Escorpio, Venus nos habla de la belleza de lo profundo, del drama de lo profundo, de la cruda y profunda realidad, de nuestra más profunda oscuridad. Y del compromiso radical con la transformación, esta es la Venus que revela la belleza de la muerte y el renacimiento.
Diríamos que en esta luna nueva se siembra la muerte de la belleza en pro de su resurrección... Y sabemos que Venus siempre renace (tras 40 días) esplendorosa, radiante, de la preciosa espuma del mar.
Por estos días Venus también está muy cerquita de Mercurio, el mensajero, quien tiene el don de la escucha y la palabra, la sabiduría de los lenguajes.

Ambos en retrogradación, ambos en cuadratura a Plutón, reiteran el compromiso con la palabra profunda que activa la relación comprometida, la irrevocable interdependencia, sea con persona, gente, criatura, orilla, cause o lecho de río.
Todas las ubicaciones de cada planeta son importantes y tienen incidencia, pero solo me referiré a un último aspecto, la oposición de Luna y Sol con Saturno en Aries:
En esa semilla que requiere del beso, en ese equilibrio que depende de la danza, Saturno pide estructura y conjura la duración.
El señor del tiempo y de los límites mirando directamente la unión de nuestras luminarias, es testigo y bendice con la fuerza de la duración.

No hay verdadera relación en la superficialidad, cómo no hay verdadero equilibrio sin el movimiento. Esta siembra, absolutamente relacional, tiene la potencia de la profundidad, del radical compromiso con el/la/lo otro, y de la duración, si queremos aprovecharla...
Feliz luna nueva en Libra.
ZN 🍃

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